Creatividad y rentabilidad no siempre se llevan bien. A veces se odian a muerte. Son pares dialecticos que hay que procurar conciliar, y mira que cuesta.
Sin ir muy lejos, suelo sufrir bastante ese apremio entre la dispersión natural de mi espíritu creativo y la necesidad de traducir ideas en dinero para pagar nóminas.
Me consta, después de trabajar con tantos emprendedores, que ocurre mucho en las llamadas empresas-de-autor, es decir, las que se gestionan al ritmo de la personalidad del fundador.
Los talentos creativos, los “geniecillos”, tienden de forma natural a la DISPERSIÓN (“me aburro haciendo lo mismo”, “lo que YO prefiero es hacer cosas nuevas”, etc.), mientras que las empresas, para poder amortizar sus desarrollos, necesitan FOCALIZACIÓN en torno a objetivos precisos (“hay que intentar vender cosas parecidas”, “hay que dar mantenimiento, no solo crear cosas nuevas”, etc., etc.).
Este conflicto se resuelve con más disciplina, que implica necesariamente cierto sacrificio del espíritu creativo a favor del orden y la coherencia estratégica. Créeme que es duro aceptarlo, pero si no lo haces vas a la ruina.
Poner orden, y fijar límites a la creatividad desbocada, exige adoptar lo que me gusta llamar un “enfoque de catálogo”, que permita generar familias de productos con alguna relación entre sí, siempre dentro de un “espacio-de-creación” bien delimitado.
Si la empresa consigue crear ese espacio, y lo asume como una guía para la diversificación creativa (es decir, un espacio para jugar dentro de una cierta coherencia identitaria), podrá apalancar su marketing y con pocos recursos encontrar un lugar específico dentro del mercado.
La focalización introduce “empaque” a la imagen de la empresa y permite explotar sinergias. La creatividad desenfrenada nunca acumula nada, más bien desgasta, y tanta dispersión termina matando a la innovación misma.
Aún no hay comentarios, por favor inserte uno.
Puede añadir un nuevo comentario. La web se reserva el derecho de incluir nuevos comentarios, dependiendo de su contenido.
Por Amalio A. Rey Las redes de orden superior se ...
Por: Amalio A. Rey La mano invisible de la participación ...
Este artículo es un guiño al Manifiesto Cluetrain, una década ...
Craigslist es una empresa californiana dedicada al negocio de clasificados ...
Por: Amalio A. Rey El artículo analiza en clave crítica ...
Por Amalio A. Rey Las redes de orden superior se llaman “comunidades”, cuyo rasgo distintivo es el sentido de pertenencia. Saben gestionar muy bien la tensión entre el yo-socializador y el yo-individualista. Tienen bajas barreras a la salida, pero también, ... más...